¿Cuántos dedos ves?

          “…Entonces yo les digo: ‘Únete a Warren, y tarde o temprano te arrepentirás’. Hermanos, tenemos que iniciar una nueva vida. Y si quieres lograr una paz más profunda, acércate a Warren. Lograrás una humildad que te llenará de orgullo y soberbia. Llegarás a ser tan creyente, que no te lo podrás creer. Sálvese mejor con Warren, salvación garantizada. Si se muere y no se salva, le devolvemos su dinero”.

         Lo anterior podría ser un post en alguna red social, que de red tiene el pegamento que tienen las telarañas, y de social, pues el poder público que tiene un ser humano escondido detrás de una pantalla. En realidad, lo entrecomillado es un fragmento de una pieza de Les Luthiers: El sendero de Warren Sánchez (Salmos sectarios) de 1987. Aparte del ingrediente paródico que imprime el grupo argentino, podría también semejarse al absurdo pero vehemente (léase demente) discurso de cualquier engañanecios-as (léase engañabobos-as) en cualquier latitud del planeta. Y aunque el espectáculo aluda a los charlatanes creadores de sectas religiosas, encaja con los lenguaraces de la política actual, muy de moda y muy eficientes para atrapar en sus hilos pegajosos a incautos-as que repiten como loritos-as sus arengas, previo convencimiento absoluto, o lo que es peor, que es la actitud borrega de adherirse al “Dónde va Vicente, va la gente” del refranero popular.

         Así está la cosa, estamos inmersos en la “mierdificación” (enshittification para los más entendidos-as). Estamos abocados al poder de las compañías tecnológicas (en manos de futuros –o latentes– marcianos) que no es que opaquen a los gobernantes predicadores, aún no, pero sí se complementan de maravilla. El gran ojo del “Gran hermano” de Orwell ha vuelto, o no se ha ido. Estamos a un clic de sus ojazos y sus antenas, a medio clic de nosotros mismos. Y no es paranoia. “Libertad es esclavitud, la guerra es paz, la ignorancia es la fuerza”. ¿Será necesario leer ese libro (1984) para abrir los propios o abrirlos para leerlo? Por esa vía, la periodista filipina María Ressa, premio Nobel entre otras vainas, en un discurso ante la O.N.U. el pasado septiembre, jaló las orejas a los cómodos-as representantes diplomáticos y los llamó a defender los pilares de la organización: paz, derechos humanos, justicia, y estado de derecho. Y lo mejor, los instó a crear, a que sus cabecitas se despercudan y renueven ese ente de ochenta años, por ejemplo, con un Consejo de Seguridad integrado por algunos países que incumplen con tales preceptos. ¿A cuento de qué, las cinco naciones miembros permanentes se arrogan decidir cuestiones cruciales para la clase media y baja de la humanidad? Recordando la novela de Orwell, será que ese trozo de humanidad borrega ha llegado a ese estado del “doblepensar”, o de un “nopensarnada” y engullir y reproducir deepfakes y fakenews, y otras basurillas. “Los algoritmos premian la indignación por encima de la empatía, propagando el miedo, la ira y el odio", agrega la periodista. Y no es paranoia.

         Si alguien ha escuchado frases como: “Entre el Estado y la mafia, prefiero la mafia”, “Israel busca la paz”, “Dentro de cuatro años no hará falta votar”, “Bandido que no se someta tiene que ser dado de baja”, “Esos que están presos ahí, son los hijos de perra de los imperialistas yanquis”, y le funcionan como un mantra, no queda otra que simpatizar con esos líderes teladearaña. Tal como en el famoso momento de 1984 en que el antagonista le muestra cuatro dedos al protagonista y lo convence de que está viendo cinco. “¿Cuántos dedos hay aquí, Winston?”, le pregunta. ¿O era Warren?